La IA ayuda a hablar tras ictus de hace 18 años

Si, aunque parezca sacado de las mejores películas de ciencia ficción, la IA ayuda a hablar tras ictus de hace 18 años a Ann, una mujer que con tan solo 30 años sufrió un derrame cerebral que la dejo postrada en la cama. Este logro ha sido posible gracias a una neuroprótesis innovadora que traduce las señales cerebrales en palabras habladas casi en tiempo real.​

El caso de Ann: una historia de superación y tecnología

“Han pasado 18 años desde que escuché mi voz. No puedo describir lo que siento.”
Eso es lo que expresó Ann, sufrió un ictus (accidente cerebrovascular) que cambió su vida por completo. Perdió la capacidad de moverse y también de hablar. La joven, que hasta entonces llevaba una vida completamente normal, quedó atrapada en un cuerpo que no respondía, dependiendo de gestos mínimos y herramientas de apoyo para comunicarse con los demás.

No podía decir “tengo frío”, “quiero ver a mi hija” o simplemente “gracias”. Y así pasaron los años. Dieciocho.

Dieciocho años en los que su mente estaba intacta, pero su voz, su medio para conectar con el mundo, había desaparecido, tras años de fisioterapia su comunicación se limitó a gestos y dispositivos de asistencia como un ordenador que escribía en la pantalla lo que quería decir tras darle una serie de ordenes visuales. Sin embargo, un equipo de investigadores de las universidades de California en Berkeley y San Francisco desarrolló una interfaz cerebro-computadora (BCI, por sus siglas en inglés) que le ha permitido recuperar su voz.

Funcionamiento de la neuroprótesis

La tecnología empleada consiste en la implantación de una malla de 253 electrodos sobre la corteza sensomotora del habla en el cerebro de Ann. Estos electrodos registran la actividad neuronal mientras ella intenta hablar. Las señales captadas son procesadas por algoritmos de inteligencia artificial que las decodifican y las transforman en texto y voz sintetizada casi instantáneamente. Este proceso permite una comunicación fluida, reduciendo significativamente la latencia que presentaban sistemas anteriores.

No era su voz real, la voz sonaba en un ordenador (todos hemos escuchado alguna vez una voz generada por IA) pero sí eran sus palabras expresadas al instante, con un extra emocional ya que consiguieron extraer el tono de su voz gracias a un discurso que dijo el día de su boda, por primera vez en 18 años Ann volvió a decir “quiero una copa de agua” sin mover los labios.

Lo más impactante de este avance no fue solo lo tecnológico, sino lo profundamente humano.
No se trataba de un milagro técnico, sino de algo mucho más sencillo y poderoso: devolverle a alguien la posibilidad de expresarse. Imagina no poder llamar a tu hija por su nombre, no poder decir “estoy bien” aunque lo estés… tener todo dentro… pero no poder sacarlo.

La historia de Ann nos recuerda que la comunicación no es un lujo, sino una necesidad vital. Y que detrás de cada innovación médica hay personas esperando recuperar algo tan básico como su voz.

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La tecnología empleada consiste en la implantación de una malla de 253 electrodos sobre la corteza sensomotora del habla en el cerebro de Ann.

Implicaciones y futuro de la tecnología

Uno de los cambios más profundos para Ann desde que volvió a hablar ha sido algo tan sencillo como poder expresarse durante la propia terapia. Antes, si algo le dolía, si un ejercicio le resultaba incómodo o si simplemente quería decir “me estoy cansando”, no podía hacerlo.

Ahora, gracias a la neuroprótesis, puede comunicarse con su terapeuta en tiempo real, sin necesidad de tableros, miradas o interpretaciones. Puede decir exactamente lo que siente, cuando lo siente.

Y eso lo cambia todo:

  • Mejora la calidad del tratamiento
  • Fortalece el vínculo con el profesional
  • Le devuelve algo tan esencial como sentirse escuchada

Y esto cobra aún más valor en el contexto de la neurorrehabilitación a domicilio. Trabajar en casa, donde los estímulos son reales y el entorno es el suyo, le permite practicar esa nueva comunicación en situaciones cotidianas, con más calma.

Aunque la tecnología aún está en fase experimental, el caso de Ann representa una esperanza para personas con parálisis severas que han perdido la capacidad de hablar debido a ACV u otras condiciones neurológicas. La combinación de interfaces cerebro-computadora con inteligencia artificial abre nuevas posibilidades en el campo de la neurorehabilitación, ofreciendo herramientas más eficaces para la recuperación de funciones perdidas.

Pese a que el procedimiento está en una fase tan temprana y que requiere procedimientos invasivos, los resultados obtenidos hasta ahora son prometedores y sugieren un futuro en el que la comunicación pueda ser restaurada en tiempo real para quienes la han perdido. ​

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